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LA
FALSEDAD MÁS AUTENTICA
Juan Diez del Corral
El
mundo se está volviendo tan falso que, puestos
a pensar en un viaje iniciático de arquitectura,
lo mejor va a ser irse a descubrir los orígenes
de la falsedad o a encontrarse directamente con la falsedad
más auténtica.
Digo
esto porque la reciente visita que realicé a
la grotesca (que no grutesca) neocueva de Altamira,
instalada en el edificio del académico Juan Navarro
Baldeweg, me produjo tales nauseas que, de seguir las
cosas por este camino (y todo parece indicar que van
a ir por ahí, al menos en la Academia), lo mejor
va a ser vacunarse cuanto antes.
Hubo
un tiempo, creo, en que la "representación"
tenía un valor educativo: al ver desplegadas
en un escenario o en una novela, las virtudes y defectos
de nuestros semejantes, no podía dejarse de pensar
cuánto de ello le afectaba a uno, o cuánto
de ello se podía aprender. Pero con el cine,
la "representación" se hizo negocio
y el medio se convirtió en fin, de modo que lo
importante empezó a ser el consumo del engaño
o la experiencia de sumergirse en la falsedad, en vez
de ver en ella utilidad moral alguna.
No
sé muy bien donde nació el invento del
cine, pero lo que sí está claro es que
la industria del cine fue la que transformó el
sentido de la "representación", y que
la ciudad Los Angeles, California, se hizo con un gran
porcentaje del mérito en albergar el proceso.
Tarde
o temprano la propia arquitectura de la ciudad tendría
que verse afectada por esa transformación tan
radical que el cine estaba operando en el mundo, y así
es como surgieron ya en los años treinta algunos
edificios-anuncio tan ingenuos que trataban de representarse
a sí mismos. Banham o Baudrillard hicieron algunos
esfuerzos por interpretarlos ya en los años sesenta,
pero era un poco pronto para acertar, porque además
de la ingenuidad en la expresión, ambos dos,
como europeos que eran, se hacían mucho lío
con el asunto de la compatibilidad entre la ciudad y
el automóvil y el asunto más propio de
la representación social de la arquitectura.
La
falsedad como mercado nació en el cine y éste
como gran industria en Los Angeles, pero como, al fin
y al cabo, la ciudad era más antigua que el cine,
aún parece que ésta sobrevive a su producto
más corrosivo. Y eso que Gehry y su colega Moneo
parecen empeñados por trabajar en Los Angeles
más del lado del cine que de la arquitectura
y la ciudad.
Pero
en fin, para que la falsedad del cine y el negocio de
la falsedad tomaran cuerpo urbano, hubo que inventarse
una ciudad completamente nueva, y así nació
en 1905, y en medio del cercano desierto de Nevada la
ciudad más auténticamente falsa que uno
pueda imaginarse, o sea, Las Vegas. En un principio
parece que fue en torno al juego, esa forma tan ilusoria
de enriquecerse y tan cierta de arruinarse; pero cuando
la ciudad adquirió el esplendor que actualmente
la caracteriza fue cuando apostó por las arquitecturas
del simulacro. Allí están la torre Eiffel,
la Estatua de la Libertad con todas las fachadas famosas
de Nueva York, el campanile de San Marcos con los canales
venecianos y sus góndolas, por no hablar de Luxor,
el castillo de Excalibur, la isla del tesoro o vaya
ud. a saber qué.
Y
ahí es nada, superándose año a
año, viajes COAR propondrá como calvario
para la semana santa del 2004, visitar las dos santas
ciudades de la falsedad, esto es, Los Angeles y La Vegas;
¿hay quien dé más?
El
encargo-programa que se le ha hecho a la agencia es
el siguiente: salida de Logroño el día
8 de abril del 2004, Jueves Santo. Pernocta en Los Angeles
los días 8, 9,10,11 y 12 de abril (con desayuno
americano incluído). Durante esos cuatro días,
se harán dos excursiones en grupo para recorrer
la costa, desde las playas de Malibú a las de
Palm Beach, y para visitar juntos el Downtown o Santa
Mónica, Venice y, por supuesto, la catedral de
san Moneo. Habrá dos días libres para
que cada cual realice, si lo desea, excursiones opcionales
a los Estudios Universal, Disneyworld, Sunset Boulevard
y Beverly Hills.
El
día 13 saldremos en autobús con dirección
a La Vegas para pernoctar en uno de sus famosos hoteles
con más de tres mil habitaciones (digo bien ¡más
de tres mil habitaciones!) los días 13, 14 y
15. Es decir que habrá tiempo suficiente para
arruinarse en lo económico y en lo moral, y hasta
para hacer una excursión programada de un día
al Cañón del Colorado, y alguna otra opcional
al Valle de la Muerte,.... qué mejor sitio para
ir una vez desplumados y desmoralizados ¿no?
El
día 16 de abril, viernes, retornaremos, y entre
el sábado y domingo despertaremos del jet lag.
Y si para entonces aún siguen en pie los edificios
desamparados de Jesús o los Maristas de Dulín,
podremos pensar
que todo ha sido una mala pesadilla. Pero si están
tirados o reconvertidos
en Palacios de Justicia o en puticlubs, y la Consejería
de Turismo ha puesto a su servicio a la de Cultura,
a la de Urbanismo y al diario La Rioja casi entero,
pues entonces es que la vacuna ha hecho su efecto y
que ya nunca sabremos si estamos en Las Vegas o en Logroño.
Por
si acaso sucede lo primero, intentaré que no
nos arruinemos en pagar el viaje, así que estoy
tratando de mantenerlo por debajo de los mil cuatrocientos
euros; y el que quiera gastarse más o arruinarse
con las excursiones, que lo haga sin traba alguna.
De
la agencia me dicen que lo ideal sería tener
el grupo confeccionado para antes de navidad, y como
fecha límite el 15 de enero, así que ya
sabéis: mail cuanto antes al organizador (anguciana@eniac.es)
y os habréis asegurado una de las cincuenta plazas
programadas.
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