El álbum de fotos
y los comentarios de los viajeros, hacen de los viajes
colectivos de arquitectura del COAR un punto de referencia
en nuestra pequeña memoria colegial. Y así
como el hC2 lo dedicamos al viaje a Suiza 2002, este
hC14 lo vamos a rellenar también de las muchas
imágenes y los pocos, pero sabrosos comentarios,
que nos regalan los viajeros.
Los saltos temáticos
son notorios. Empezamos el viaje por Milán y
un edificio muy duro del rossianismo consagrado: la
unidad residencial en Vialba, de la que el chófer
milanés nos dijo que "no era muy recomendable
de noche..."
Luego fuimos al cercano
y viejo Gallaratese de Rossi y Aymonino, y nos lo encontramos
cercado y cerrado para que los arquitectos turistas
de la "arquitectura en la ciudad" no molestasen
a los vecinos. Por suerte pudimos entrar, y a la vista
del contraste entre la calle muerta que separa los dos
bloques de viviendas, y el bullicio del mercadillo exterior,
parecía que la ciudad se había quedado
una vez más... fuera de la arquitectura.
Ya en el centro de Milán
vimos, entre otras muchas cosas, la buena salud de la
Torre Velasca que pronto cumplirá cincuenta años,
la atemporalidad de las loggias de Portaluppi en la
plaza del Duomo, la restauración de las cubiertas
de la catedral con su apertura al público como
gran espacio de contemplación (foto de José
Antonio Fernández), y el anodino forro de granito
y carpinterías metálicas que le han plantado
al edificio años cincuenta de Lingeri quitándole
toda su gracia, su fuerza y su tiempo.
Enlazando Milán
con Nápoles, Pepe Garrido escribe un breve comentario
sobre sus dos grandes galerías comerciales cubiertas,
la Victor Manuel y la Umberto I, con fotos de Teresa
Diez del Corral y Jesús López Araquistain.
El esplendor de las
ruinas de Herculano, Pompeia y Paestum nos ocuparon
en los siguientes días, y Noemí Grijalba
se detiene en el foro de Pompeia, con el Vesubio al
fondo, y nos manda una foto y un comentario.
Al fin en Nápoles,
Jesús López Araquistain se sube a la Cartuja
para mostrarnos sus lujos, María Angeles Ezquerro
prefiere el callejeo sin comentarios por la vitalidad
del centro, y Javier del Amo, desde la azotea de nuestro
Hotel, nos descubre el poderío de la arquitectura
del fascio.
La visita a Capri nos
permite finalmente hacernos la foto del grupo, ver la
acrobática ubicación de la casa de Libera,
y descubrir en los famosos peñascos de la isla
que la naturaleza es tanto más hermosa cuanto
más se parece a la arquitectura.
Pero en un viaje siempre
se queda uno sin ver muchas cosas, así que Giovanni
Muzzio se encarga de decirnos lo que nos hemos dejado
de ver, entre otras cosas, para que volvamos.
jdc
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OTOÑO
EN ITALIA
Si el año pasado
hicimos un viaje a la modernidad, "minimalismo
helvético", éste correspondía
a la antigüedad reciente, "Rossi", y
la remota, "Nápoli".
Pero el presente logroñés
está impregnado de las dudas, temores y lamentos
de los comerciantes ciudadanos, porque en la periferia
urbana están a punto de proliferar los centros
comerciales que amenazan sus economías familiares
y sus estructuras de-toda-la-vida.
¿Qué hay
de común entre Milán y Nápoles?
y al mismo tiempo ¿qué las hace diferentes
de nuestro Logroño comercial? Sin duda que sus
galerías comerciales: la gallería Vittorio
Emanuele II, en la primera, y la Umberto, en la segunda.
Ambas muy similares:
con planta de cruz, cubiertas por bóvedas acristaladas,
constituyéndose en calles peatonales cubiertas,
bien ventiladas e iluminadas por medios naturales, con
sus fachadas interiores de empaque, con sus generosas
dimensiones, con sus nobles materiales, con sus estructuras
metálicas pioneras y con su ejemplar inserción
en la trama viaria ciudadana. Comunicando hitos locales
de interés, para garantizar el éxito de
su propuesta: el Duomo con la Escala, en Milán,
o el San Carlo con la Via Toledo, en Nápoles.
Nada que ver con nuestra
realidad de pasajes comerciales, que sólo pretendieron
maximizar la rentabilidad de los bajos en inmuebles
de excesivo fondo edificado; con las áreas peatonalizadas,
que supusieron una ruptura y reducción de la
trama viaria ciudadana y su consiguiente repercusión
en el tráfico rodado; y finalmente, nada que
ver con las "grandes superficies" o shoping
centers, que dicen los que desconocen las raíces
latinas de nuestro idioma, y que con el tiempo conseguirán
la disgregación definitiva de nuestra ciudad.
El centro se muere ¡¡Viva
la periferia!!
pepe garrido
Situado
en el cruce de las dos principales calles de Pompeya,
la de la Abundancia y la de Mercurio, el FORO se muestra
espectacular. Era la plaza principal de la ciudad, (¿el
Espolón?) y por eso en ella estaba prohibida
la circulación de carros. Rodeada de espléndidos
edificios públicos, religiosos, políticos
y económicos: el templo de Júpiter al
fondo, la basílica, el comicio, el templo de
Apolo a la izquierda, el macellum, el edificio de Eumaquia,
el santuario de los lares públicos, el templo
de Vespasiano, diferentes edificios administrativos,
el foro olitorio... Pasearlo me hizo sentir la ciudad
en estado puro, el espacio público generoso dimensionado
para ser disfrutado por sus ciudadanos. Claro está
que el Vesubio, hizo su aparición en el paisaje,
y ahí se ha quedado vigilando.
noemí grijalba
LUJO
CARTUJO
Si Nápoles es
una ciudad llena de contrastes (y ese es su mayor encanto)
pocos como el que forman la cartuja de San Martín
y la propia ciudad. Desde muchos puntos de ésta
puede verse el edificio, encaramado en lo alto de la
colina, junto al castillo de San Telmo. A pesar de su
proximidad, su inmensa masa blanca se percibe como algo
distante, totalmente ajeno al bullicio diario, más
emparentado con un monasterio tibetano en las laderas
del Himalaya que con el caos de la bahía más
bella del mundo. Al fin y al cabo los discípulos
de san Bruno fueron expertos en encontrar lugares retirados,
y pensaron que Montesanto lo era, aunque no podían
ignorar que el mundanal ruido subiría hasta los
muros de su casa. Tolerancia comprensible, pues ¿quién
se resistiría a vistas tan espectaculares?
Las vistas debieron
hacer efecto en los monjes a lo largo de los siglos.
La austera implantación original, gótica,
evolucionó hasta el impresionante complejo actual,
suma de actuaciones sucesivas desde finales del XVI.
Domina el barroco, ese estilo que tanta veces nos aburre
con sus intentos de impresionar, pero que aquí
consigue plenamente sus objetivos. El visitante se deja
llevar por el edificio, comenzando por la iglesia, siguiendo
con el eje transversal de la sacristía y el refectorio,
pasando a los claustros, bajando a los aposentos del
prior... en ese devenir se va entregando sin resistencia
al puro lujo que emanan los mármoles y las piedras
de color trabajadas en taracea (especialidad napolitana),
a una sensación de plenitud atribuible al coro
de artistas y artesanos que aquí trabajaron,
sin una nota discordante. El contrapeso a esta percepción
sensual, epidérmica, lo pone el rigor geométrico
del conjunto, la ingeniosa disposición de ejes
que enlazan las diferentes piezas dentro de una planta
compacta. La impresión final es, por tanto, de
equilibrio, lejos del delirio de otras piezas de la
época.
Los cartujos, a diferencia
de otras órdenes, se organizan como eremitas
en celdas individuales, con las más severas reglas
de silencio y austeridad. Que todo este lujo estuviera
al servicio de una orden tan austera y cerrada al mundo
como la de san Bruno resulta sorprendente a nuestros
ojos. No faltan los detalles escatológicos (también
tan napolitanos) repartidos por todo el convento, imagino
que para aliviar la mala conciencia de los monjes, recordando
las postrimerías. El más notable lo constituye
la cerca del cementerio, en el claustro grande, con
sus calaveras de mármol coronadas de laurel.
Sic transit gloria mundi.
jesús lópez
araquistain
NÁPOLES
Y SUS CALLES
En un casco viejo ¡
tan maravillosamente viejo! lo que más me impresionó
fueron sus calles y la vida que se respiraba en ellas.
Todos nos contagiamos y ahí estamos "los
riojanos" viviendo la calle.
maría ángeles
ezquerro
Al llegar al hotel Jolly, Juan nos propuso
subir a la última planta / la curiosidad nos
llevó a la terraza una planta mas arriba / nos
habían dejado abierto el cielo,
salimos deprisa a la terraza a jugar,.../
a jugar con la vista, con la sensación de altura,
con las cámaras de fotos y sobre todo a disfrutar
de la ciudad,
vimos desde las alturas la manta edificatoria
que cubre las colinas y los montes napolitanos, / vimos
abajo el Castillo Nuevo, el puerto con la salida de
los ferrys, el Palacio Real, la plaza del Plebiscito,.../
arriba el Castillo de San Telmo, / abajo el convento
de Santa Clara..., y en el medio, la plaza con el edificio
de Correos, el de los jubilados...
Todo el caos del centro de Napoles quedó
ordenado en el edificio de Correos,
desde la masa marmórea exterior
al expresionismo interior, / desde los espacios silenciosamente
vacios / a la iluminacion escondida en los paramentos,/
nos hizo quedarnos en silencio en este caso,
¿disfrutando de nuestro interior?...
javier del amo
Considerado que
al Director de elhAll y organizador del viaje le gusta
la crítica, y se siente solo practicándola,
me he decidido a hacerle compañía y en
vez de escribir sobre un edificio que hayamos visto
en el viaje lo hago sobre tres que no hemos visto, todos
son viviendas.
El primero no
lo vimos en Milán y es la "Casa Rustici"
(1933-1935) de Giuseppe Terragni y Pietro Lingeri. Está
en Corso Sempione nº 36 (datos recogidos de una
guía de arquitectura moderna de Milán
de los autores Grandi y Pracchi), calle por la cual
hemos pasado dos veces. Ver como un autobús cargado
de arquitectos pasaba delante de su fachada principal
sin ninguna reacción, ha sido la confirmación
de que el disfrute de la arquitectura, por lo menos
de la racionalista, está fundado en el conocimiento
y no en la percepción.
Los otros dos
no los vimos en Nápoles. Estaban en la periferia,
un poco a desmano, pero uno cerca del otro y habría
merecido la pena. Uno quizá el más prescindible
es de Franco Purini y Laura Thermes entre otros, y es
el "núcleo residenziale" de via della
Bontà, en la "Marianella" (1982-1988)
y habría completado la perplejidad que suscitó
la visita de las obras de Rossi en Milán.
Pero el otro nos
habría recordado porqué éste se
hizo tan famoso: las "unitá di abitazione
'Le Vele'" (1962-1975) en el "Comprensorio
167" de "Secondigliano", son una recuperación
de la unidad de habitación de Le Corbusier en
una versión italiana y napolitana de los "gran
ensambles" franceses y parisinos. El resultado
es lo más parecido a los edificios de la ciudad
de Blade Runers que conozco (indirectamente claro).
Finalmente en el 1995 se decidió derribar dos
de los siete edificios y transformar y cambiar de uso
a los que quedaban (datos recogidos de una guía
con itinerarios de arquitectura moderna de Napoles).
Dos ejemplos del
explicable desplome de la arquitectura italiana en los
años ochenta. Como foto elegiría una cualquiera
de la ciudad de Nápoles, que todo lo soporta,
pero mejor ir vosotros a verla, el viaje merece la pena.