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RAFAEL
DE FONTÁN
por Gorka Pérez de la Peña Oleaga
Rafael
Fontán es uno de los arquitectos que más
trabajó en Logroño entre 1939, fecha en
la que es nombrado arquitecto municipal interino y 1965,
año en el que realiza su último proyecto.
Sus realizaciones articulan de manera decisiva la imagen
del Logroño contemporáneo. Maneja tres
registros: racionalismo, estilo nacional y modernidad
de los 50.
Ejerció
el cargo como arquitecto municipal interino entre 1939
y 1941, desplegando una intensa actividad en dos campos:
la jardinería y el urbanismo.
Diseñó
los parques, hoy muy transformados, del Instituto, Amos
Salvador, del Revellín, Muro del Carmen y Paseo
del Espolón, en colaboración este último
con el arquitecto Luis González.
En
el terreno del urbanismo realizó el anteproyecto
del nuevo eje viario Norte-Sur de Logroño, no
realizado, y el nuevo plan de alineaciones del interior
de la ciudad. El proyecto del eje viario es un ejercicio
sobresaliente del urbanismo del funcionalismo. A lo
largo de una gran avenida se dispone una hilera de bloques
paralelos separados por amplios jardines. En el diseño
de los edificios hizo también una interpretación
muy vanguardista en clave de Movimiento Moderno.
Fontán
con su destacada producción racionalista, realiza
casi veinte obras, es sin ningún género
de dudas el arquitecto más destacado de la arquitectura
del Movimiento Moderno en La Rioja. Ayudó a consolidar
en los primeros años de la postguerra una arquitectura
que en esta provincia había tenido un escaso
desarrollo en la época de la República.
De
esa obra hay que destacar cinco proyectos realizados
en Logroño por su extraordinaria calidad: Jorge
Vigón nº 12 y 14 (de 1940 y 1941 respectivamente),
María Teresa Gil de Zárate nº 31
y nº 40 (de 1940 los dos) y Duquesa Vitoria nº
40-42 (1941).
La
interpretación racionalista de Fontán
sigue un planteamiento muy ortodoxo. En el edificio
de viviendas de Duquesa de Vitoria hace una lectura
expresionista caracterizada por el torreón en
esquina de imponente trazado curvo. También juega
con el contraste entre la horizontalidad de los cuerpos
de balcones con barrotes curvos y la verticalidad del
torreón, y la combinación cromática
entre el ladrillo rojo a cara vista, los estucos blancos,
y el verde de las carpinterías.
Los
otros proyectos reseñados, que están realizados
en solares entre medianeras, son más contenidos
y se caracterizan por el énfasis compositivo
del vuelo del volumen del mirador, que incorpora cuerpos
de balcones, articulando un segundo plano de fachada
ligeramente adelantado al principal.
En
lo que respecta al programa de las viviendas están
bien resueltas en cuanto a la correcta iluminación
y ventilación, todas las piezas son exteriores.
En cambio no es acertada la distribución del
programa al no deslindarse de manera clara los espacios
públicos y privados.
Desde
mediados de la década de los cuarenta su arquitectura
evoluciona al estilo nacional pero con una lectura contenida.
Domina la idea racionalista aunque ligeramente oculta
por un repertorio decorativo sin estridencias. La ornamentación
es de inspiración clásica: impostas, ménsulas,
recuadros repetidos, balaustres, etc. Los ejemplos a
destacar son: Vara del Rey nº 58-60 (1946), Castroviejo
nº 1 bis (1947) y Pérez Galdos nº 20
(1947 en colaboración con José María
Carreras).
En
cuanto a los programas residenciales destacar que presentan
una distribución mejor organizada al diferenciarse
claramente tres zonas: pública en fachada principal,
de servicio al patio interior y privada hacia el gran
patio de manzana.
En
la modernidad de los cincuenta descuellan los siguientes
edificios de viviendas: Castroviejo nº 1 (1950),
Pérez Galdos nº 18 (1956), Huesca nº
16 y Santa Isabel nº 15 (1960) y Vara del Rey nº
54-56 (1961), los tres últimos en colaboración
con José María Carreras
El
lenguaje de los cincuenta se caracteriza por la ruptura
con el racionalismo de anteguerra para avanzar hacia
el entronque con las vanguardias internacionales. En
esa evolución la influencia decisiva fue el estilo
de Gutiérrez Soto con sus edificios de amplias
terrazas voladas que articulan compositivamente el edificio.
La propuesta de Fontán en donde se manifiesta
con toda plenitud esa influencia es el edificio de Huesca
esquina a Santa Isabel. El juego compositivo de los
vuelos de los balcones es de gran belleza.
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